Convento-Monasterio de San Julián y San Antonio

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Convento-Monasterio de San Julián y San Antonio
Bien de Interés Cultural en la categoría de Monumento

El Convento-Monasterio de San Julián y San Antonio, en La Cabrera, es el testimonio del importante papel que las órdenes monásticas y religiosas tuvieron en el proceso de repoblación, así como desde el punto de vista histórico, social, arquitectónico, económico y cultural. 

El conjunto monástico está formado por una iglesia, numerosos restos de diferentes dependencias que se fueron construyendo a lo largo del tiempo y una zona de terrazas dedicadas a huerta y jardín. La iglesia románica, posiblemente perteneciente a un monasterio benedictino, y construida hacia finales del siglo XI, responde a un proyecto de gran originalidad y valor arquitectónico. 

Se conserva una red hidráulica de conducción y distribución de agua desde cuatro manantiales hasta el interior del recinto monástico, que se efectúa a través de canales, estanques, pilas y fuentes para abastecer al monasterio y regar huertas y jardines dispuestos en terrazas. Se trata de un proyecto realizado durante los siglos XV al XVII, aunque su origen posiblemente es anterior, unido a la construcción y desarrollo del convento. Constituye el único ejemplo conservado de este tipo de infraestructura hidráulica ligada a un complejo monástico en la Comunidad de Madrid.

Contexto histórico-artístico

Convento-Monasterio de San Julián y San Antonio

El origen de La Cabrera hay que situarlo dentro del proceso de repoblación emprendido por Alfonso VI, aunque ya con anterioridad parece que existían algunos núcleos de población cristiana.  En el proceso repoblador jugaron un papel importante las órdenes religiosas, que además contaron con el apoyo real. Dentro de este proceso habría que situar la fundación del convento de San Julián y San Antonio, en el que se distinguen dos claras etapas: una primera probablemente benedictina, de la que no existen datos documentales, y una segunda franciscana desde principios del siglo XV hasta el primer tercio del siglo XIX. 

Los restos arqueológicos descubiertos apuntan a la existencia de un eremitorio en ese lugar en torno al siglo VII. El establecimiento de la orden y construcción del monasterio e iglesia se podría haber producido a finales del siglo XI, si bien la primera noticia sobre el lugar de San Julián se encuentra en el Libro de la Montería del rey Alfonso XI.

La llegada de los franciscanos a La Cabrera se produjo hacia el año 1400, en relación con el movimiento reformista emprendido por fray Pedro de Villacreces, al que se atribuye esta fundación, cuando doce frailes se hicieron cargo del monasterio bajo la dirección de Pedro de Santoyo, conservando el nombre de San Julián. Se realizaron algunas obras de acondicionamiento y ampliación: casa, torre de la iglesia y obras de canalización para llevar el agua al convento desde varios manantiales de la sierra.

Esta reforma fue pronto absorbida por la Reforma Observante, que celebró su primer capítulo en 1447 en La Cabrera. Así, el convento pasó a ser observante, cobrando a partir de este momento una gran importancia, mientras los Mendoza continuaron favoreciendo al monasterio. 

Entre mediados del siglo XV y mediados del XVII el monasterio vivió dos siglos de apogeo. Funcionaba como Casa de Estudio de Gramática y fue visitado por grandes personajes de la orden como el cardenal Cisneros, quien lo escogió para enterramiento de su padre en 1488, o por el propio rey Felipe III en 1601. Los duques del Infantado mantuvieron siempre una estrecha relación con el convento y hacia 1566 don Íñigo López de Mendoza, quinto duque del Infantado, mandó construir una estancia para sus retiros espirituales. 

En el siglo XVIII, el número de frailes había disminuido y estaba en precaria situación. En 1808, cuando Napoleón atravesó Somosierra para dirigirse a Madrid, el convento fue saqueado. Una vez acabada la guerra siguió cumpliendo la función de cárcel. En 1812 quedaban solo doce frailes y en 1836 el monasterio fue subastado como consecuencia de la ley.

Pasó por varios propietarios hasta que en los años 90 los franciscanos recuperaron su uso religioso. Para ello fue restaurado y rehabilitado por la Comunidad de Madrid durante los años 1989 y 1994. Pero los franciscanos no pudieron mantener esta comunidad, por lo que en 2004 lo cedieron a los Misioneros Identes, quienes permanecen en la actualidad manteniendo su uso religioso pero también cultural, donde se celebran conciertos y conferencias. 

El origen de La Cabrera hay que situarlo dentro del proceso de repoblación emprendido por Alfonso VI, aunque ya con anterioridad parece que existían algunos núcleos de población cristiana.  En el proceso repoblador jugaron un papel importante las órdenes religiosas, que además contaron con el apoyo real. Dentro de este proceso habría que situar la fundación del convento de San Julián y San Antonio, en el que se distinguen dos claras etapas: una primera probablemente benedictina, de la que no existen datos documentales, y una segunda franciscana desde principios del siglo XV hasta el primer tercio del siglo XIX. 

Los restos arqueológicos descubiertos apuntan a la existencia de un eremitorio en ese lugar en torno al siglo VII. El establecimiento de la orden y construcción del monasterio e iglesia se podría haber producido a finales del siglo XI, si bien la primera noticia sobre el lugar de San Julián se encuentra en el Libro de la Montería del rey Alfonso XI.

La llegada de los franciscanos a La Cabrera se produjo hacia el año 1400, en relación con el movimiento reformista emprendido por fray Pedro de Villacreces, al que se atribuye esta fundación, cuando doce frailes se hicieron cargo del monasterio bajo la dirección de Pedro de Santoyo, conservando el nombre de San Julián. Se realizaron algunas obras de acondicionamiento y ampliación: casa, torre de la iglesia y obras de canalización para llevar el agua al convento desde varios manantiales de la sierra.

Esta reforma fue pronto absorbida por la Reforma Observante, que celebró su primer capítulo en 1447 en La Cabrera. Así, el convento pasó a ser observante, cobrando a partir de este momento una gran importancia, mientras los Mendoza continuaron favoreciendo al monasterio. 

Entre mediados del siglo XV y mediados del XVII el monasterio vivió dos siglos de apogeo. Funcionaba como Casa de Estudio de Gramática y fue visitado por grandes personajes de la orden como el cardenal Cisneros, quien lo escogió para enterramiento de su padre en 1488, o por el propio rey Felipe III en 1601. Los duques del Infantado mantuvieron siempre una estrecha relación con el convento y hacia 1566 don Íñigo López de Mendoza, quinto duque del Infantado, mandó construir una estancia para sus retiros espirituales. 

En el siglo XVIII, el número de frailes había disminuido y estaba en precaria situación. En 1808, cuando Napoleón atravesó Somosierra para dirigirse a Madrid, el convento fue saqueado. Una vez acabada la guerra siguió cumpliendo la función de cárcel. En 1812 quedaban solo doce frailes y en 1836 el monasterio fue subastado como consecuencia de la ley.

Pasó por varios propietarios hasta que en los años 90 los franciscanos recuperaron su uso religioso. Para ello fue restaurado y rehabilitado por la Comunidad de Madrid durante los años 1989 y 1994. Pero los franciscanos no pudieron mantener esta comunidad, por lo que en 2004 lo cedieron a los Misioneros Identes, quienes permanecen en la actualidad manteniendo su uso religioso pero también cultural, donde se celebran conciertos y conferencias. 

El conjunto monástico

El sistema hidráulico está datado entre los siglos XV y XVIII, aunque pudo tener sus orígenes en siglos anteriores. Conserva gran parte de sus elementos estructurales y en uso y es el único ejemplo conservado de este tipo en la Comunidad de Madrid.

Se han localizado los cuatro manantiales que suministraban el agua al convento, con sus correspondientes canales de conducción del agua hasta la cerca del recinto monástico. El manantial principal, conocido como Manantial del Arca, fue el primero en utilizarse una vez establecidos los franciscanos y está considerado el origen de la red hidráulica, fechado en el siglo XV. 

Los manantiales secundarios, ubicados en la ladera del pico Cancho Gordo, como el anterior, presentan unos canales de conducción más cortos pero mantienen la misma tipología y características. Son El Manantial de la Teja, (siglos XV y XVI); el manantial de la Taza, (siglo XVI) y el manantial del Convento (siglos XVI y XVII). 

En el convento, se encuentran canales de distribución con sus correspondientes arquetas, que se dirigen hacia distintas áreas del recinto distribuyéndose por las terrazas. El sistema se completa con varios elementos de almacenamiento del agua: estanques y pilas y fuentes.

Tanto su construcción como su trazado, refleja cómo era este red hidráulica en la etapa franciscana, aunque algunos elementos han sido alterados en distintos momentos a lo largo del tiempo. Siendo propietario el Dr. Jiménez Díaz, recuperó parte de la red, creó nuevas canalizaciones realizadas con piedras nuevas semejantes a las antiguas y construyó nuevos estanques y arquetas.

Iglesia

La iglesia muestra una planta formada por cinco ábsides y un cuerpo de tres naves, más ancha la central. Exteriormente la iglesia está construida con mampostería de piedra de granito del lugar, muy irregular y toscamente labrada, con un vano en cada ábside. El tipo de cabecera responde a la tipología empleada por la orden benedictina, caracterizada por un amplio transepto al que abren diversos ábsides, en respuesta a una nueva liturgia que requería de un mayor número de altares y a la proliferación de las reliquias que se veneraban en los templos. Este modelo de cabecera se asocia frecuentemente con edificios de cronología más tardía extendidos en Cataluña. 

Su marcado arcaísmo, el tipo de aparejo irregular y de labra tosca o la ausencia de elementos decorativos, también podrían ponerse en relación con modelos catalanes del siglo XI, pero igualmente son característicos de las construcciones rurales.

Estas particularidades y las circunstancias históricas, ya llevaron a algunos autores, como Quintano Ripollés y Omaechevarría, a fechar el templo a fínales del siglo XI o principios del XII, en un momento inmediatamente posterior a la conquista Toledo y Madrid por Alfonso VI. 

Arquería del siglo XV

Al este, junto a los ábsides, se localiza una arquería formada por cinco arcos de medio punto rebajado, que podría fecharse a finales del siglo XV o principios del XVI, probablemente perteneciente a un primitivo claustro. Un documento, cuya copia se conserva en el convento, informa que en 1621 se desmontó el claustro viejo y se construyó uno nuevo. 

Torre

La torre, formada por dos cuerpos, se sitúa en el ángulo suroeste de la iglesia. El cuerpo inferior, fechado en el siglo XV, está construido en mampostería irregular de granito y el segundo cuerpo construido en sillería.

Dependencias para residencia

Situada al oeste de la iglesia, junto a la torre, se encuentra una construcción para residencia que, por sus características, aunque muy restaurada y modificada a lo largo del tiempo para adaptarla a distintos usos, podría identificarse con las dependencias que mandó construir el quinto duque del Infantado, don Íñigo López de Mendoza de la Vega Luna (1566-1601). La construcción se puede encuadrar dentro de la arquitectura clasicista o herreriana del último tercio del siglo XVI.

Jardines y huertas

En el interior del recinto monástico se encuentran varias áreas destinadas a jardines y huertas, en sucesivas terrazas, cuyos muros de contención conservan numerosos tramos originales probablemente de época franciscana. 

En una de las terrazas superiores se han localizado restos de muros de mampostería que se han identificado como eremitorios. En la zona más occidental se sitúa un espacio ajardinado formado por terrazas con una fuente octogonal central.

Cerca del convento

El conjunto conventual se encuentra delimitado por una cerca de mampostería y dos accesos o entradas, que parece corresponder al período franciscano de los siglos XV y XVI. La entrada principal presenta un dintel de granito con la inscripción «PACEM MEAM DO VOBIS» y el escudo de los duques del Infantado.

El sistema hidráulico está datado entre los siglos XV y XVIII, aunque pudo tener sus orígenes en siglos anteriores. Conserva gran parte de sus elementos estructurales y en uso y es el único ejemplo conservado de este tipo en la Comunidad de Madrid.

Se han localizado los cuatro manantiales que suministraban el agua al convento, con sus correspondientes canales de conducción del agua hasta la cerca del recinto monástico. El manantial principal, conocido como Manantial del Arca, fue el primero en utilizarse una vez establecidos los franciscanos y está considerado el origen de la red hidráulica, fechado en el siglo XV. 

Los manantiales secundarios, ubicados en la ladera del pico Cancho Gordo, como el anterior, presentan unos canales de conducción más cortos pero mantienen la misma tipología y características. Son El Manantial de la Teja, (siglos XV y XVI); el manantial de la Taza, (siglo XVI) y el manantial del Convento (siglos XVI y XVII). 

En el convento, se encuentran canales de distribución con sus correspondientes arquetas, que se dirigen hacia distintas áreas del recinto distribuyéndose por las terrazas. El sistema se completa con varios elementos de almacenamiento del agua: estanques y pilas y fuentes.

Tanto su construcción como su trazado, refleja cómo era este red hidráulica en la etapa franciscana, aunque algunos elementos han sido alterados en distintos momentos a lo largo del tiempo. Siendo propietario el Dr. Jiménez Díaz, recuperó parte de la red, creó nuevas canalizaciones realizadas con piedras nuevas semejantes a las antiguas y construyó nuevos estanques y arquetas.

Iglesia

La iglesia muestra una planta formada por cinco ábsides y un cuerpo de tres naves, más ancha la central. Exteriormente la iglesia está construida con mampostería de piedra de granito del lugar, muy irregular y toscamente labrada, con un vano en cada ábside. El tipo de cabecera responde a la tipología empleada por la orden benedictina, caracterizada por un amplio transepto al que abren diversos ábsides, en respuesta a una nueva liturgia que requería de un mayor número de altares y a la proliferación de las reliquias que se veneraban en los templos. Este modelo de cabecera se asocia frecuentemente con edificios de cronología más tardía extendidos en Cataluña. 

Su marcado arcaísmo, el tipo de aparejo irregular y de labra tosca o la ausencia de elementos decorativos, también podrían ponerse en relación con modelos catalanes del siglo XI, pero igualmente son característicos de las construcciones rurales.

Estas particularidades y las circunstancias históricas, ya llevaron a algunos autores, como Quintano Ripollés y Omaechevarría, a fechar el templo a fínales del siglo XI o principios del XII, en un momento inmediatamente posterior a la conquista Toledo y Madrid por Alfonso VI. 

Arquería del siglo XV

Al este, junto a los ábsides, se localiza una arquería formada por cinco arcos de medio punto rebajado, que podría fecharse a finales del siglo XV o principios del XVI, probablemente perteneciente a un primitivo claustro. Un documento, cuya copia se conserva en el convento, informa que en 1621 se desmontó el claustro viejo y se construyó uno nuevo. 

Torre

La torre, formada por dos cuerpos, se sitúa en el ángulo suroeste de la iglesia. El cuerpo inferior, fechado en el siglo XV, está construido en mampostería irregular de granito y el segundo cuerpo construido en sillería.

Dependencias para residencia

Situada al oeste de la iglesia, junto a la torre, se encuentra una construcción para residencia que, por sus características, aunque muy restaurada y modificada a lo largo del tiempo para adaptarla a distintos usos, podría identificarse con las dependencias que mandó construir el quinto duque del Infantado, don Íñigo López de Mendoza de la Vega Luna (1566-1601). La construcción se puede encuadrar dentro de la arquitectura clasicista o herreriana del último tercio del siglo XVI.

Jardines y huertas

En el interior del recinto monástico se encuentran varias áreas destinadas a jardines y huertas, en sucesivas terrazas, cuyos muros de contención conservan numerosos tramos originales probablemente de época franciscana. 

En una de las terrazas superiores se han localizado restos de muros de mampostería que se han identificado como eremitorios. En la zona más occidental se sitúa un espacio ajardinado formado por terrazas con una fuente octogonal central.

Cerca del convento

El conjunto conventual se encuentra delimitado por una cerca de mampostería y dos accesos o entradas, que parece corresponder al período franciscano de los siglos XV y XVI. La entrada principal presenta un dintel de granito con la inscripción «PACEM MEAM DO VOBIS» y el escudo de los duques del Infantado.

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